HOMILÍA

que pronunció D. Agustín García Gascó,
Arzobispo de Valencia, en la solemne celebración del
350 Aniversario del hallazgo de los lirios y del
50 Aniversario de la Coronación de la Virgen de los Lirios

Alcoy
28 septiembre 2003

   1. ¡Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas... Aclama al Señor tierra entera! (Salmo responsorial).

        La ciudad de Alcoy celebra el 350 Aniversario del hallazgo de los lirios y las Bodas de Oro de la Coronación Canónica de su Patrona, la Virgen de los Lirios.

        Nos reunimos esta mañana en gozosa acción de gracias a Dios; reconocemos la maternal protección de Nuestra Señora y manifestamos la devoción filial que el pueblo de Alcoy profesa a su patrona, la Virgen de los Lirios.

        Nuestra alegría es el fruto de la contemplación de María: ella es como la aurora, cuya luz anuncia el esplendor del sol, que es Cristo el Señor. Nuestra mirada a María nos impulsa más allá: nos conduce al hijo nacido de sus entrañas purísimas.

        Jesús, el Hijo de María, es verdadero Dios y verdadero hombre, el único, universal y necesario Salvador del hombre y del mundo.

        Sí: Jesucristo es el Salvador: no solo del pueblo elegido, sino también de todos los hombres y mujeres del mundo. Él nos otorga una salvación que, además de liberarnos del pecado y de la muerte, nos asocia íntimamente a Él: a su modo de ser, a su misión y a su destino.

        Bendito sea Dios -hemos exclamado con S. Pablo-, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales (Ef 1,3).

        Sí: Bendito sea Dios que nos ha bendecido en la Madre de su Hijo, Jesucristo, nuestro Salvador. Ella está maternalmente presente y participa en los múltiples y complejos problemas que acompañan la vida de cada uno de nosotros, de nuestras familias y de la ciudad de Alcoy.

        La Virgen de los Lirios es auxiliadora del pueblo cristiano en la lucha incesante entre el bien y el mal, para que no caigamos, y si caemos, nos levantemos y sigamos, sin miedo, adelante, por los caminos del mundo anunciando la salvación.

   2. Saludo con afecto a mis hermanos en el episcopado, que han querido sumarse a esta celebración solemne, llevados por su devoción a la Virgen de los Lirios y su aprecio a este pueblo.

        Dirijo palabras de agradecimiento al Sr. Vicario episcopal, a los párrocos de Alcoy y a los sacerdotes concelebrantes.

        Igualmente deseo expresar el reconocimiento del pueblo cristiano a las autoridades civiles y militares presentes en esta Plaza de España, rebosante hoy de devoción sincera y espíritu cívico.

        Manifiesto mi afecto y consideración hacia la ya centenaria Archicofradía de la Virgen de los Lirios: Sra. Presidenta Dña. Marcela, cofrades... asociaciones y entidades de la Ciudad de Alcoy.

        Permitidme aún un saludo muy especial dirigido a los enfermos de Alcoy: os llevo en el corazón y os encomiendo de modo especial a vuestra Patrona.

        Hijos todos amadísimos:

   3. Contemplamos a María, la madre de Jesús, venerada con el dulce título de Virgen de los Lirios.

        En esta contemplación, animada por auténtico amor, María se nos presenta reconociendo la acción salvadora y misericordiosa de Dios: He aquí la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra (Lc 1,38). A la luz de la voluntad de Dios, María comprende el propio camino y toda la historia.

        Ella nos ayuda a interpretar, también hoy, nuestra vida bajo la guía de su hijo Jesús.

        Sí: en María contemplamos a su Hijo y lo confesamos en la fe verdadero Dios y verdadero hombre, único, universal y necesario Salvador del hombre y del mundo.

        La fe en la persona de Cristo Resucitado, vivo y presente en la Iglesia, es el corazón palpitante de nuestra vida cristiana. Más que palabras, es vida (cfr. CIC 170).

        Esta original y grandiosa confesión de fe es la razón fundamental de las celebraciones de esta mañana.

   4. Queridos hijos: el recuerdo del hallazgo de los lirios y de la coronación canónica es una invitación para que renovemos nuestra fe en Cristo.

        Esa es la invitación que, en nombre del Señor y de su Santísima Madre, vuestra Patrona, os dirijo hoy: Renovad vuestra fe en Cristo Jesús, vivo y presente en la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica.

        Esa es la gracia que pido hoy a la Virgen de los Lirios: que los hijos e hijas de Alcoy sean verdaderos y auténticos creyentes en Cristo, sin descanso y cada vez más.

        Esta es la cuestión esencial y decisiva para cada uno de nosotros. En ella se juega nuestra salvación eterna. Como nos recuerda San Pablo “si confiesas que Jesús es Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, te salvarás” (Rom 10,9).

        La vida es una continua enseñanza: su silencio, sus milagros, sus gestos, su oración, su amor a cada hombre y mujer, su predilección por los pequeños, los pobres y los enfermos, la aceptación total del sacrificio de la cruz por la salvación del mundo, su resurrección: son la actuación de su palabra y el cumplimiento de la revelación (cfr. Juan Pablo II, Catechesi tradendae, 9).

        Los discípulos de Cristo, con la ayuda de la gracia de Dios, podemos y debemos asemejarnos a Él, hasta que Cristo crezca y se forme en nosotros. Por eso somos integrados en los misterios de su vida: con él estamos identificados, muertos y resucitados hasta que reinemos con él (cfr. CIC 562).

        La vida sacramental nos asocia a Cristo, nos introduce en él y nos permite exclamar, como San Pablo: Ya no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mi (Gal 2,20).

        Cristo nos revela el auténtico rostro de Dios: A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él mismo lo ha dado a conocer (Jn 1,18).

        Al mismo tiempo Cristo manifiesta, en su entera verdad, el rostro del hombre y nos descubre la grandeza de nuestra vocación, el sentido de la vida, la razón de vivir (cfr. Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, 22).

        ¡Renovemos nuestra fe! Recordemos que la vocación del hombre y de la mujer es la vida en el Espíritu, ser imagen y semejanza de Dios.

        Con palabras de la Carta a los Hebreos os recuerdo: Sacudamos todo lastre y el pecado que nos asedia, y corramos con fortaleza la prueba que se nos propone, fijos los ojos en Jesús, el que inicia y consuma la fe (Hb 12,2).

   5. Desde esta firme confesión de fe, que hoy nos pide la Virgen de los Lirios, podemos comprender mejor la presencia de la Iglesia y de los cristianos en Alcoy, su vida y su misión.

        La Iglesia es la comunidad de los creyentes en Cristo, que lo confiesan verdadero Dios y verdadero hombre, nacido, muerto, resucitado, presente y operante en la historia, que vendrá como juez de vivos y muertos en el fin de los tiempos.

        Tu eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo, exclamó S. Pedro en Cesarea de Filipo (Mt 16,16). Esta confesión de fe resuena constantemente en la Iglesia. Se prolonga y renueva en los labios y en el corazón de cada creyente. Y por una interior e insuprimible exigencia, tiende a hacerse transmisión de la fe.

        Nadie puede creer solo, como nadie puede vivir solo. Nadie se ha dado la fe a sí mismo, como nadie se ha dado la vida a sí mismo. El creyente ha recibido la fe de otro y debe transmitirla a otro. Nuestro amor a Jesús y a los hombres nos impulsa a hablar a otros de nuestra fe. Cada creyente es como un eslabón en la gran cadena de los creyentes (cfr. CIC 166).

        La Iglesia es la primera que, en todas partes, confiesa al Señor. La fe en Jesucristo hace nacer, sostiene y promueve la misión evangelizadora de la Iglesia y de cada cristiano.

        El mandato misionero de Cristo Resucitado es claro: Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura (Mc 16,15). Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que descenderá sobre vosotros, y seréis mis testigos (Hch 1,8).

        Por ello, la razón de la vida, e incluso, la razón de ser de los cristianos y de la Iglesia en la historia, no es otra que el anuncio del Evangelio y la transmisión de la fe.

        La Iglesia, que existe para evangelizar es la comunidad cristiana que vive y se desarrolla en la historia (cfr. Pablo VI, Evangelii nuntiandi, 14).

        Es la Iglesia universal, la Iglesia diocesana y es, también, la Iglesia que se encuentra en las comunidades parroquiales de Alcoy, que en cierto modo, son la Iglesia misma que vive en medio de las casas de los hombres y mujeres del mundo (cfr. Juan Pablo II, Christifideles laici, 25).

        Queridos hijos: en la actual situación histórica, sin duda, el Señor y su Santísima Madre, la Virgen de los Lirios, pide a las parroquias de Alcoy que sean comunidades en las que se asuma de modo cada vez más consciente, responsable y decisivo el mandato misionero de transmitir la fe.

        Por eso es necesario superar la mentalidad del parroquialismo, que nos lleva a vivir la vida cristiana al margen de las demás comunidades.

        Alcoy necesita que todas las parroquias vivan y obren unidas, coordinadas en el arciprestazgo, partícipes de la vida de la Diócesis.

        Alcoy necesita parroquias comprometidas en la valoración de todos los dones y carismas de cada persona y de las diversas asociaciones, grupos y movimientos eclesiales, en plena fidelidad al magisterio de nuestro Santo Padre Juan Pablo II.

        Hago una llamada a consolidar la comunión afectiva y efectiva entre todos los sacerdotes que ejercéis el ministerio en Alcoy. Os pido, como parte del encargo pastoral que os he encomendado, que programéis la acción pastoral de tal manera que, todo lo que se haga y decida, sea expresión de la unión y cooperación fraterna entre las comunidades parroquiales.

        Hago extensiva esta llamada a los religiosos, religiosas y a todos los fieles cristianos. Por el testimonio de unidad de vuestras vidas, con hechos y palabras, afrontaremos con seguridad los retos de la increencia, de la deshumanización y de la pérdida de valores.

        Así en vuestra ciudad vibrará una auténtica pasión por el Evangelio y, con la gracia de Dios, podréis llegar hasta los confines de la tierra (Hch 1,8).

   6. Somos conscientes de las dificultades del momento presente. No es fácil transmitir la fe. La secularización, la descristianización de amplias capas de la sociedad, la indiferencia religiosa y el “neopaganismo” de muchos, dificultan gravemente la tarea de evangelizar.

        De modo particular resulta difícil la transmisión de la fe a las nuevas generaciones, a pesar de nuestros esfuerzos.

        Las familias, la escuela y también las mismas comunidades cristianas se muestran débiles, incapaces para educar y formar auténticos cristianos.

        El contexto cultural se muestra, muchas veces, impermeable al Evangelio. Se fomenta una cultura cerrada a la fe. Se ridiculizan sus contenidos y se siembra la sospecha sobre todo lo cristiano. La fe se hace, para muchos, incomprensible en sus contenidos e inpracticable en la vida.

        Se afianzan los valores naturales y materiales mientras se debilitan los valores espirituales y trascendentes.

        De este modo resulta difícil no solo hacer cristianos, transmitir la fe, sino también vivir como cristianos, pues en el ámbito de la vida social se produce una ruptura trágica entre el Evangelio y la cultura.

        Pero este es el tiempo que nos ha tocado vivir. Es un tiempo de crisis pero no es menos cierto que se trata de un tiempo rico en oportunidades, un tiempo favorable (2Cor 6,2).

        Esta celebración, la devoción del pueblo de Alcoy a la Virgen de los Lirios, la vida y el testimonio de tantos hombres y mujeres de este pueblo, nos invitan a abrirnos constantemente con confianza a Cristo y a dejarnos renovar por Él.

        La Virgen de los Lirios nos recuerda hoy que Cristo es el futuro cada uno de los aquí presentes: el verdadero sentido de la vida no está encerrado en el horizonte mundano sino que se abre a la eternidad.

        El Patronazgo de la Virgen sobre Alcoy nos ha de animar a emprender una articulada acción cultural y misionera, enseñando con obras y argumentos convincentes cómo el futuro de este pueblo necesita descubrir sus raíces últimas en los valores evangélicos. El Evangelio ha de ser el sólido fundamento sobre el cual se puede edificar una convivencia más humana y más pacífica.

        Las dificultades nos han de hacer más humildes y nos han de conducir a confiar solo en Dios.

   7. En este contexto hacen falta comunidades parroquiales que, contemplando e imitando a la Virgen María, figura y modelo de la Iglesia en la fe y en la santidad, cuiden el sentido de la vida litúrgica y de la vida interior.

        Ante todo y sobre todo, en las parroquias se ha de alabar al Señor, invocarlo, adorarlo y escuchar su Palabra.

        Os pido que renovéis vuestras celebraciones litúrgicas para que sean signos más elocuentes de la presencia de Cristo; proporcionad nuevos espacios para el silencio, la oración y la contemplación; volved a los sacramentos, especialmente la Eucaristía y la Penitencia, como fuente de libertad y de nueva esperanza .

        Invito a todos los cristianos de Alcoy a participar con fe y devoción en la Eucaristía dominical. Hemos de recuperar el sentido sagrado del Domingo, día del Señor (cfr. Juan Pablo II, Ecclesia in Europa, nn. 66-81).

        Ante las insistentes tentaciones de división y contraposición, las parroquias de Alcoy, bien unidas a su obispo, han de esforzarse en cultivar un clima de comunión, de caridad fraterna, vivida con radicalidad evangélica en el nombre de Jesús y de su amor. Estad siempre animados por un espíritu de estima, acogida, servicio y ayuda (cfr. Juan Pablo II, Ecclesia in Europa, nn. 23-29).

        Sé que lo estáis haciendo, pero os animo -nos lo pide el Señor- a dedicar una creciente atención a la educación de los jóvenes en la fe. Hemos de ofrecerles una sólida formación humana y cristiana.

        Para lograrlo hace falta renovar la pastoral juvenil. Os invito a promover ocasiones de encuentro entre los jóvenes para favorecer un clima de escucha recíproca y oración.

        No tengáis miedo a ser exigentes con ellos en lo que atañe a su crecimiento espiritual. Mostradles el camino de la santidad y animadles a tomar decisiones comprometidas en el seguimiento de Jesús, fortalecidos por una vida sacramental intensa (cfr. Juan Pablo II, Ecclesia in Europa, nn. 61-62).

        En esta tarea de evangelización quiero mencionar el papel de la escuela católica. Hace poco celebramos el 75 Aniversario de la presencia salesiana en Alcoy.

        A cuantos estáis implicados en el mundo de la escuela os exhorto a perseverar en vuestra misión: llevad la luz de Cristo Salvador a vuestras actividades educativas, científicas y académicas. Mostrad a los jóvenes los valores de un patrimonio cultural enriquecido por dos mil años de experiencia humanista y cristiana.

        Quiero recordar también la necesidad de proponer a todos con fidelidad la verdad sobre el matrimonio y la familia. Hoy más que nunca es necesario mostrar con ejemplos vivos la verdad y la belleza de la familia fundada en el matrimonio de un hombre y de una mujer, entendido como unión estable y abierta al don de la vida.

        Prestemos una atención particular para que los jóvenes y los novios reciban una educación al amor auténtico y verdadero.

        Las familias tienen un papel insustituible: son el santuario de la vida, la gran escuela de la educación y el fundamento de la sociedad.

        Familias de Alcoy: ¡sed vosotras mismas testimonio creíble del Evangelio de la esperanza! Porque vosotras sois gozo y esperanza de la humanidad (cfr. Juan Pablo II, Ecclesia in Europa, nn. 90-95).

        Queridos hijos: Optemos por la caridad. Sigamos el camino del amor. Ayudemos a los hombres y mujeres de nuestro tiempo a experimentar el amor de Dios Padre y de Cristo en el Espíritu Santo, mediante el testimonio de la caridad, que tiene en sí misma una enorme fuerza evangelizadora.

        Por su propia naturaleza, el testimonio de la caridad ha de extenderse más allá de los confines de la comunidad eclesial hasta crear una cultura de la solidaridad.

        Os invito a revalorizar el voluntariado cristiano. Salid al encuentro de las necesidades de las personas. Mostrad en vuestras obras el amor preferencial de Cristo y de la Iglesia por los más pobres y necesitados.

        Cuidad de modo muy especial a los ancianos y a los enfermos, apoyadles, asistid a sus familias, que nunca les falte la convicción de que son los amados de Dios (cfr. Juan Pablo II, Ecclesia in Europa, nn. 83-89; 104).

        Por último, en el contexto de esta solemne celebración, os invito a construir una ciudad digna del hombre. Cada esfuerzo sincero por construir un mundo mejor cuenta con la bendición de Dios, y cada semilla de justicia y amor plantada en el tiempo presente florece para la eternidad.

        Para construir una ciudad digna del hombre -el Alcoy del futuro- tomad la Doctrina Social de la Iglesia, que plantea la cuestión de la calidad moral de nuestra civilización.

        La Doctrina Social de la Iglesia, por su relación con la dignidad de la persona, está formulada para ser entendida también por los que no pertenecen a la comunidad de los creyentes.

        Es urgente difundir su conocimiento y estudio, superando la ignorancia que se tiene de ella incluso entre los cristianos. Es muy necesaria la presencia de laicos cristianos en la vida civil, la economía, la cultura, la salud, la educación y la política (cfr. Juan Pablo II, Ecclesia in Europa, nn. 97-99).

        ¡No tengáis miedo!: abrid vuestro corazón a Cristo. Él os dará la fuerza y la esperanza para construir un mundo mejor, una civilización de libertad, amor y progreso verdadero.

   8. María, Virgen de los Lirios, Patrona de Alcoy,
         ayúdanos a confesar nuestra fe;
         enséñanos a dar testimonio de Jesús, el único Salvador;
         haznos serviciales con el prójimo, acogedores de los pobres,
         artífices de justicia, constructores de un mundo más justo.

         Aurora de un mundo nuevo,
         muéstrate Madre de la esperanza y vela por nosotros.

         Vela por la Iglesia en Alcoy:
         que los cristianos sean transparencia del Evangelio
         que vivan su misión de anunciar, celebrar y servir el Evangelio de la esperanza
         para la paz y la alegría de todos.

         Vela por todos los cristianos:
         que sean fermento de unidad para la concordia de este pueblo.

         Vela por los jóvenes:
         que respondan generosamente a las llamadas de Jesús.

         Vela por las familias:
         que custodien, manifiesten y comuniquen el amor verdadero.

         Vela por las autoridades:
         que se empeñen por construir una ciudad digna del hombre
         en la que se difunda la civilización del amor.

         Virgen de los Lirios, Patrona de Alcoy:
         haz que amemos y sigamos a Jesús
         Él es la esperanza de la Iglesia,
         el futuro de la humanidad.

         ¡Oh Madre Piadosa!
         desde tu montaña
         cede a Alcoy y a España
         la gracia y la paz. (Himno de la Coronación)

         Amén.